Control de calidad en nuestras elecciones
¿Qué estamos eligiendo mientras todo cambia?

En el laboratorio estamos acostumbrados a revisar.
Revisamos controles, calibraciones, procedimientos, resultados. Observamos desvíos, analizamos qué ocurrió y tomamos decisiones para sostener la calidad de aquello que hacemos.
También aprendimos, fuera del ámbito laboral, la importancia de realizar controles periódicos de nuestra salud. Aunque nos sintamos bien, cada tanto hacemos un chequeo.
Hace unos días, mientras leía sobre cambio y responsabilidad, apareció en mí una pregunta:
¿Y si cada tanto también hiciéramos un control de calidad de nuestras elecciones?
Cambios constantes, decisiones todo el tiempo
Quienes trabajamos en un laboratorio sabemos que el cambio forma parte de nuestra práctica cotidiana.
Se incorpora un nuevo equipamiento. Cambia un procedimiento. Se modifica la organización del trabajo. Aparece una nueva tecnología. Se actualizan lineamientos. Llegan nuevas personas al equipo. Cambian las necesidades de pacientes y profesionales.
Algunos cambios los elegimos. Otros simplemente suceden y necesitamos responder frente a ellos.
Y en medio de la dinámica cotidiana, entre muestras, resultados, llamados, pendientes y decisiones, puede aparecer una sensación conocida:
“No tengo opción. Es lo que hay que hacer.”
Sin embargo, que no hayamos elegido una determinada circunstancia no significa necesariamente que no tengamos ninguna posibilidad de elección frente a ella.
Quizás no decidí que cambiara un procedimiento. Aunque sí puedo observar cómo elijo transitar ese cambio.
¿Pregunto cuando algo no está claro?
¿Expreso una inquietud?
¿Abro una conversación?
¿Pido ayuda?
¿Propongo una alternativa?
¿Sigo haciendo lo mismo?
¿Busco aprender aquello que todavía no sé?
Incluso cuando no las reconocemos como tales, muchas de nuestras respuestas contienen elecciones.
Responsabilidad no significa controlar todo, no significa una carga: otra cosa de la que tengo que hacerme cargo, no significa asumir que todo depende de nosotros. Tampoco significa negar las condiciones que nos rodean ni creer que podemos modificar cualquier circunstancia.
No siempre podemos elegir lo que sucede. Sí podemos empezar a observar qué posibilidades tenemos frente a eso que sucede.
Y quizás ahí aparece una pregunta diferente.
En lugar de quedarnos únicamente con “¿qué tengo que hacer?”, podemos preguntarnos:
¿Qué elijo hacer frente a esto y para qué lo elijo?
Entonces algo cambia.
Puedo elegir aprender para desarrollar mejor mi trabajo.
Puedo elegir abrir una conversación para cuidar un vínculo.
Puedo elegir proponer una modificación porque observo una oportunidad de mejora.
Puedo elegir sostener una determinada manera de trabajar porque reconozco el valor que estoy cuidando.
La circunstancia puede ser la misma. Lo que cambia es la manera en que me posiciono frente a ella.
Un chequeo diferente
Así como en el laboratorio no esperamos necesariamente que algo falle para revisar nuestros procesos, quizás tampoco necesitemos esperar a sentirnos completamente incómodos con nuestras decisiones para observarlas.
Podríamos detenernos cada tanto y hacernos nuestro propio “chequeo de elecciones”:
¿Qué estoy eligiendo hoy?
¿Cuáles de esas elecciones son coherentes con la manera en que quiero trabajar y vivir?
¿Cuáles no?
¿Qué sigo sosteniendo porque hasta ahora no había observado que podía elegir algo diferente?
No se trata de revisar el pasado buscando errores ni de castigarnos por aquello que no hicimos diferente.
Hay posibilidades que podemos observar hoy que quizás hace un tiempo todavía no podíamos ver.
Y reconocerlas también es aprendizaje.
Elegir también se aprende
Quizás nadie nos enseñó a detenernos a observar nuestras elecciones.
Aprendimos procedimientos. Aprendimos técnicas. Aprendimos a interpretar resultados, manejar equipamientos, cumplir normas y resolver problemas.
Sin embargo, también pasamos nuestros días eligiendo.
Elegimos cómo conversar. Cómo responder frente a un cambio. Cuándo pedir ayuda. Qué conversaciones postergar. Qué sostener. Qué transformar. Qué aprender.
Por eso, además de revisar la calidad de nuestros procesos, quizás cada tanto valga el tiempo detenernos y revisar también la calidad de las elecciones con las que estamos construyendo nuestra manera de trabajar.
No para encontrar qué estamos haciendo mal.
Sino para descubrir qué nuevas posibilidades podemos empezar a elegir.
¿Qué estás eligiendo hoy que te acerca al profesional, al equipo o a la vida que querés construir?
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